Emprendimiento

DIARIO DE UNA PYME DOMINICANA

Gracias a Horizonte Digital por compartir su experiencia! nos parece increíble el recorrido de las pymes dominicanas.

Redacción Noticias Pymes7 min de lectura

Capítulo 1: Tener una página web no significa tener un negocio digital

Hay una idea que suena muy bonita cuando uno está arrancando un negocio:

“Vamos a hacerlo digital.”

Uno compra el dominio, prepara el logo, abre Instagram, monta una página web, conecta WhatsApp y, cuando finalmente ve todo publicado, siente que ya llegó.

Ahora sí.

Ya tenemos presencia digital.

El pequeño problema es que después pasan los días, uno mira la pantalla y comienza la pregunta incómoda:

¿Y ahora qué?

Porque una cosa es tener una página web y otra muy diferente es tener un negocio que utiliza lo digital para conseguir clientes.

Nosotros lo aprendimos construyendo una pequeña empresa dominicana de servicios digitales. Para fines de esta historia vamos a llamarla Horizonte Digital.

Y el nombre le cae bien.

Porque, como muchísimas pymes dominicanas, arrancamos mirando hacia adelante, con más esperanza que certezas, trabajando con lo que teníamos y convencidos de que por algún lado íbamos a encontrar el camino.

El nombre real de la empresa no importa.

Lo importante es todo lo que pasó después.


Al principio queríamos ofrecer de todo

Como muchas pymes, Horizonte Digital comenzó con una idea bastante lógica:

“Si el cliente necesita algo digital, nosotros podemos ayudarlo.”

Página web.

Marketing.

Automatización.

Inteligencia artificial.

Estrategia.

Códigos QR.

Analítica.

Consultoría.

Un chin de esto. Un chin de aquello.

Y cada cosa, individualmente, tenía sentido.

El problema apareció cuando tratamos de explicarlo.

Si para decir qué hace tu empresa necesitas cinco minutos, probablemente todavía no está suficientemente claro qué hace tu empresa.

Y ahí llegó uno de nuestros primeros aprendizajes:

Tener muchas capacidades no significa que debas venderlas todas al mismo tiempo.

Para una empresa pequeña esto es particularmente difícil, porque uno siente que decirle que no a algo es perder una oportunidad.

—¿Tú haces páginas web?

Sí.

—¿Y automatización?

También.

—¿Y me puedes ayudar con inteligencia artificial?

Claro.

—¿Y publicidad?

Bueno… podemos.

Sin darte cuenta, el menú empieza a parecer el de una cafetería que también arregla celulares.


Entonces hicimos lo que hacemos muchos: cambiar la página

Aquí comienza una etapa que probablemente le resultará familiar a cualquier emprendedor.

Cambias el título.

Cambias el botón.

Mueves una sección.

Agregas un servicio.

Quitas otro.

Cambias el mensaje.

Ahora sí se entiende mejor.

Bueno… creemos.

Publicamos.

Esperamos.

Volvemos a cambiar.

Y todo eso da una sensación de progreso porque uno está trabajando muchísimo.

Pero eventualmente nos hicimos otra pregunta incómoda:

¿Estamos mejorando el negocio o simplemente estamos moviendo cosas en la página?

Ahí fue cuando comenzamos a entender que digitalizar un negocio no es tener muchas herramientas.

Es construir un sistema.


Y llegaron los números

Decidimos comenzar a medir.

Y esto fue buenísimo… y malísimo.

Buenísimo porque dejamos de depender solamente de opiniones.

Malísimo porque ahora teníamos números para obsesionarnos.

Visitantes.

Sesiones.

Interacciones.

Eventos.

Conversiones.

Fuentes de tráfico.

Dispositivos.

Campañas.

Páginas.

Uno abre un dashboard bonito, ve 1,000 visitantes y piensa:

“¡Concho, esto se está moviendo!”

Hasta que alguien hace la pregunta que daña la fiesta:

“¿Y cuántos se convirtieron en clientes?”

Silencio.

Ahí entendimos una diferencia que parece obvia cuando alguien te la explica, pero no siempre lo es cuando estás metido en el día a día:

Tráfico no es negocio.

Y tampoco una interacción es una venta.

Ni un clic en WhatsApp es un cliente.

Hay una cadena completa entre una persona que llega a una página y una persona que finalmente saca su tarjeta, hace una transferencia o firma un contrato.

Nosotros comenzamos a verla así:

Visitante → interacción → intención → contacto → oportunidad → cliente.

Y descubrimos que cada flechita de esa cadena es un mundo.


Pero apareció otro problema: ¿podemos confiar en los números?

Esta fue una de las lecciones más importantes.

Uno ve cero conversiones y la reacción inmediata es:

“La página no está funcionando.”

Pero espérate.

¿El botón está siendo medido?

¿El evento se dispara correctamente?

¿WhatsApp está registrado?

¿Estamos contando una persona dos veces?

¿El tráfico nuestro está entrando en las estadísticas?

¿Sabemos de dónde vino ese contacto?

¿Y si habló por teléfono?

¿Y si primero entró a la página y después escribió por Instagram?

Descubrimos algo que debería estar escrito arriba de todos los dashboards:

Antes de tomar decisiones con los datos, asegúrate de que los datos estén diciendo la verdad.

Parece básico.

No lo es.

Especialmente en una pyme donde la misma persona puede estar atendiendo clientes, revisando publicidad, preparando una propuesta y preguntándose por qué Google Analytics dice una cosa y WhatsApp dice otra.


Después vino una pregunta todavía más difícil

Supongamos que la medición está correcta.

Supongamos que llegan personas.

Supongamos que algunas muestran interés.

Entonces:

¿Qué exactamente queremos que hagan?

Ahí nos dimos cuenta de que nosotros mismos le estábamos pasando parte de nuestra complejidad al cliente.

Le mostrábamos varias soluciones.

Varias rutas.

Varias posibilidades.

Y básicamente le decíamos:

“Elige lo que necesitas.”

Pero había un pequeño detalle.

Muchas veces el cliente no sabe lo que necesita.

Por eso está buscando ayuda.

Es como entrar donde un médico y que él te diga:

—Tenemos cardiología, neurología, gastroenterología y ortopedia. Elige.

Mi hermano, si yo supiera cuál necesito, quizá no estuviera preguntando.

Ese descubrimiento comenzó a cambiar nuestra manera de pensar.

Quizás el primer producto de una empresa que ayuda a otras empresas no debe ser una solución.

Quizás debe ser algo mucho más sencillo:

claridad.


La tecnología tampoco era el producto

Este aprendizaje dolió un poquito porque somos gente a la que le gusta la tecnología.

Inteligencia artificial.

Automatizaciones.

Dashboards.

CRM.

Analítica.

Todo eso es fascinante.

Pero al dueño de una pequeña empresa no necesariamente le interesa tener un CRM.

Le interesa no perder el cliente que le escribió el martes y nadie volvió a contactar.

No necesariamente quiere automatización.

Quiere dejar de hacer manualmente una tarea que le roba dos horas todos los días.

No quiere Google Analytics.

Quiere saber:

“¿De dónde están llegando los clientes que me compran?”

Y probablemente tampoco quiere inteligencia artificial por el simple hecho de tener inteligencia artificial.

Quiere vender más, gastar menos, responder más rápido o trabajar mejor.

Entonces aprendimos otra:

La tecnología es importante cuando hace desaparecer un problema. No cuando crea otro tema que el empresario tiene que aprender.


Y aquí estamos

No hay final feliz todavía.

Y esa es precisamente la razón por la que decidimos comenzar este diario.

Horizonte Digital todavía está aprendiendo.

Seguimos cambiando cosas.

Seguimos midiendo.

Seguimos descubriendo que algunas ideas que parecían buenísimas no eran tan buenas.

Seguimos encontrando preguntas para las que todavía no tenemos respuesta.

Y, de vez en cuando, descubrimos algo que funciona.

Pero algo sí ha cambiado.

Al principio pensábamos que construir una pyme digital era principalmente escoger las herramientas correctas.

Ahora pensamos que se parece más a esto:

Entender un problema.

Elegir una prioridad.

Hacer algo.

Medir qué pasó.

Aprender.

Volver a hacerlo.

Y tratar, en el proceso, de no volverse loco.


Si tienes una pyme, haz este ejercicio

Abre tu página web, tu Instagram o cualquier canal digital que utilices.

Pero no lo mires como dueño.

Míralo como una persona que acaba de conocer tu negocio por primera vez.

Y pregúntate:

¿Está clarísimo qué debo hacer ahora?

No qué vende la empresa.

No cuántos servicios ofrece.

No qué tan bonito está el diseño.

La pregunta es mucho más simple:

¿Cuál es el próximo paso?

Nosotros tardamos un buen tiempo en entender la diferencia.

Y sospechamos que no somos los únicos.


Continuará…

Porque todavía nos falta responder una pregunta que nos ha dado más trabajo del que esperábamos:

¿Cómo sabemos si todo este esfuerzo digital está produciendo dinero de verdad?

Diario de Horizonte Digital es una serie sobre lo que realmente significa construir una pyme digital en República Dominicana: los experimentos, los errores, los números, las decisiones y los aprendizajes.

No conocemos el final de esta historia. La estamos viviendo.

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